24 octubre, 2020

De China a Europa: por qué los cambios en los métodos de conteo son una constante

Al igual que hizo recientemente la provincia de Buenos Aires, desde el comienzo de la pandemia muchos países modificaron los sistemas de registro de víctimas, lo que generó aumentos y descensos el el número de fallecidos.

 

 

 

 

 

Desde el inicio de la pandemia de coronavirus numerosos países modificaron sus sistemas de contabilización de víctimas, lo que supuso aumentos o incluso reducciones considerables en sus registros de fallecidos por la Covid-19.

El primer país en cambiar la forma de calcular los afectados por la enfermedad fue China, epicentro originario del brote, que el pasado 13 de febrero decidió incluir no sólo a aquellos pacientes que contaban con un test positivo en su conteo, si no también a los que habían presentado “síntomas clínicamente diagnosticados”.

Esta corrección supuso que en un sólo día se disparara la cifra diaria de muertes en el país, que alcanzó un récord diario de 242, más del doble del máximo de 103 registrado hasta entonces, según el reporte oficial.

Si bien las autoridades chinas argumentaron la modificación para responder “a tiempo” a la pandemia, esta fue en respuesta a las crecientes dudas de la comunidad internacional sobre las oficiales chinas.

De hecho, dos meses después, China corrigió nuevamente su sistema de conteo y aumentó en un 50% el número de decesos ocurridos en la ciudad de Wuhan, donde surgió la Covid-19, tras incluir a las personas fallecidas fuera de los hospitales y el reporte de informes retrasados.

También en Europa, varios países tuvieron un incremento notorio en sus registros de decesos por coronavirus tras cambiar la forma de computarlos.

Francia a principios de abril sumó a su balance las muertes ocurridas en los geriátricos. Un cambio emprendido también por el Reino Unido a finales de ese mismo mes, aunque las autoridades británicas decidieron además incluir a las defunciones en domicilios.

Sin embargo, en agosto pasado, Londres volvió a modificar la metodología de computo de los fallecidos por el brote y redujo el recuento oficial en más de 5.000 muertos.

Una decisión que se produjo a raíz de las críticas de académicos de la Universidad de Oxford, que advirtieron en un estudio de un error estadístico que incluía los decesos de todos los casos positivos, incluso de los que se habían curado, lo que conducía a una “exageración de muertes asociadas al virus”.

Algo similar sucedió en España, donde un cambio en el sistema de registro en mayo pasado hizo que el total de muertos disminuyera en casi 2.000.

De acuerdo al director del Centro de Emergencias y Alertas Sanitarias, Fernando Simón, el recorte se dio por “diversos factores”, entre los que mencionó fallecimientos comunicados por duplicado y otros que probablemente se produjeron por el coronavirus pero sin un análisis que lo certificara.

En cambio, en Rusia, donde las cifras de mortalidad eran muy bajas en relación al número de contagios, las autoridades sanitarias cambiaron en junio pasado el método de conteo de defunciones por Covid-19 por recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que consideraba los datos “inusuales” y “difíciles de entender”.

Hasta entonces, el país contabilizaba solamente los casos en los que el coronavirus era directamente responsable del deceso.

La revisión de la metodología llevó a un incremento considerable del número de muertes por el brote, ya que se sumaron todos los pacientes positivos de coronavirus, aunque el motivo de la defunción fuese otro, y también aquellos negativos, pero a los que la autopsia determinó que la causa principal de muerte fue la enfermedad.

En América Latina, los cambios en el sistema de registro de muertes también causaron polémica.

En Chile, le costó incluso en junio pasado el cargo al exministro de Salud Jaime Mañalich, quien tras acceder a modificar el método de cómputo para incluir también a los fallecidos que carecían de un test positivo, decidió días después dar marcha atrás con la medida.

Tras las controvertidas idas y vueltas, el Centro de Investigación e Información Periodística chileno (Ciper) terminó propiciando la salida del funcionario, al revelar que el reporte oficial registraba 2.870 muertos por Covid-19, mientras que las mismas autoridades informaban a la OMS más de 5.000 decesos por coronavirus, en los que sí incluía los casos sospechosos.

También en Brasil, el cambio del sistema de recuento decidido por el presidente Jair Bolsonaro causó controversia tras derivar en un drástico descenso de las cifras diarias, al contar solamente los fallecidos e infectados registrados en las últimas 24 horas, sin incluir el acumulado de casos anteriores.

La modificación llevó a la prestigiosa Universidad Johns Hopkins, referente independiente en el recuento de casos y muertes por Covid-19 en el mundo, a sacar a Brasil de su base de datos.

La decisión argentina

En Argentina, la decisión de la provincia de Buenos Aires de ampliar las fuentes para la carga de datos también llamó la atención al sumar, de golpe, 3.523 muertos por la enfermedad.

Atento a las recomendaciones de la OMS, el Gobierno de la provincia más grande de Argentina puso en marcha una nueva estrategia para la gestión de la información sobre coronavirus. “Con el desafío de medir la pandemia en tiempo real, comenzamos a utilizar información proveniente de tres bases. De esta manera, recategorizamos los datos de mortalidad por coronavirus y evitamos el subregistro de los mismos, un problema existente en todos los países del mundo”, señaló en conferencia de prensa el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollan.

Las tres fuentes a las que alude Gollan son el Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA), el Sistema de Gestión Camas (SIGEC) y el Registro Provincial de las Personas. Con esto, según se espera, lograrán minimizar el subregistro y el atraso en el conteo de los decesos por el virus.

 

(Telam)

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