“San Martín promovió la cultura, la educación, la salud y la industria, no sólo cruzó Los Andes”

“San Martín promovió la cultura, la educación, la salud y la industria, no sólo cruzó Los Andes”

En diálogo con el programa Punto de Partida, por FM Litoral, el reconocido historiador, Felipe Pigna, se refirió, en una amena conversación, a breves momentos de la vida del Padre de la Patria, José Francisco de San Martín, referida en su libro La Voz del Gran Jefe.

 

 

 

“Fue una persona muy culta, gran lector. Un militar que se formó en España desde muy chico y a los 13 años ya forma parte del ejército español y entra en combate contra los Moros, en el norte de África, Marruecos, Argelia. Nació en Yapeyú, territorio de las Misiones, hoy provincia de Corrientes, donde su papá fue Gobernador. En esa etapa se convierte en un gran lector, una persona que le apasionaba la filosofía, la política, la cuestión de la religión, alguien muy culto que cuando vuelve al país trae su biblioteca. Este es un aspecto que me parece muy importante a destacar de San Martín alguien que le daba mucha importancia a la cultura como su amigo Manuel Belgrano que apostaban siempre por la educación popular, la educación del pueblo, la difusión de libros, aspectos que no se resalta mucho. Como también se destaca mucho el San Martín político, que gobernó Mendoza, que gobernó Cuyo que tanto bien hizo a su pueblo, promoviendo la educación, la industria, la salud pública que quedan un poco relegada con esta idea de que San Martín cruzó Los Andes como si fuera lo único que hizo en su vida”.

 

Una de las características destacadas en la personalidad del Santo de la Espada y que fuera resaltadas por los militares españoles era la valentía y el coraje puesta de manifiesto en su accionar desde muy joven. “Sus oficiales lo describen con una temeridad y una valentía fuera de lo común, que se animaba a todo y se ofrecía como candidatos en las misiones más riesgosa. Es un tema que va a estar a muy presente a lo largo de toda su vida, esta pasión, esta cuestión de su coraje y a la vez de la gran capacidad estratégica que va a tener San Martín a lo largo de toda su vida”.

 

Al enterarse el Padre de la Patria del proceso de emancipación que comenzaba a gestarse en nuestro país, decide volver a estar tierras junto a otros argentinos como Carlos María de Alvear y Bernardino Rivadavia. “Si engañando a las autoridades españolas porque les habla de un problema familiar en Perú, una cosa media rara que afortunadamente los españoles aceptan y le dan la baja. Se traslada primero a Londres y junto a otros patriotas como Zapiola, Chilavert viaja a Buenos Aires a trabajar por la causa americana ya decididamente. También lo acompaña Alvear quien sería uno de sus enemigos y que conformaría el bando que luego vamos a conocer como el Bando Unitario donde Alvear y Rivadavia serían sus más grandes enemigos. Todo indica que van por el mismo camino pero rápidamente Alvear cambiaría de actitud defendiendo los intereses de los ingleses al colmo de ofrecerles en 1815 a los ingleses nuestros territorios provocando en nuestro país una gran crisis y la sublevación de los ejércitos del Norte, de Los Andes en completo desacuerdo con ese planteo imperialista de Carlos María de Alvear”.

 

 

 

Consultado sobre el histórico sable corvo utilizado por San Martín en su campaña libertadora, que le fuera entregado según su voluntad a Juan Manuel de Rosas, el reconocido historiador, dijo que “se trataba de un sable de degüello que se utilizaba en la caballería, era usado a velocidad y tenía una efecto mortal. También había sido usado en la etapa napoleónica. El admiraba mucho a Napoleón como estratega no como político, él tenía sus serias diferencias con Napoleón. Era un lector de sus obras y de todo lo que tenía que ver con las estrategias que había desarrollado Napoleón en todas sus campañas”.

 

En cuanto a los rasgos físicos del Padre de la Patria, sobre lo que se ha escrito mucho, Pigna, aseguró que una de las versiones surgidas a partir de un libro del historiador Hugo Chumbita de los años 90, da cuenta que su tez era morena. “No lo tenemos como probarlo y sigue siendo una hipótesis a raíz de que no se le ha podido realizar el ADN. Incluso, Alberdi cuando lo visita lo ve más morocho de lo que se lo imaginaba con un rostro aguileño. Cuando uno ve las fotos de San Martín, las dos únicas fotos que tenemos de esa última etapa, lo vemos como un morocho maduro”.

 

A fines de enero de 1814, recordó el reconocido, historiador y escritor, San Martín y Belgrano, se encontraron en algún lugar de Salta. “Entabla una gran amistad a partir de ese breve tiempo que se conocen cuando se encuentran primero en Yacasto, y luego en la unidad militar construida por San Martín en Tucumán llamada la Ciudadela que era academia militar para reconstruir ese maltrecho Ejército del Norte que había quedado pertrecho luego de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Ahí convivieron durante un mes y medio aproximadamente. Luego, San Martín seguiría con su plan estratégico del cruce de Los Andes, y Belgrano sería llamado a declarar acusado por las derrotas en Buenos Aires, en un juicio que afortunadamente no se hace porque era tremendamente injusto. Ya no se vuelven a ver pero mantienen una comunicación por carta, de mucha consulta, de mucho respeto y cariño hasta la muerte de Belgrano en 1820”.

 

Otro capítulo importante en la historia del Padre de la Patria, fue la repatriación de sus restos a nuestro país, objetivo que se logra tras 30 años, después de su muerte ocurrida a las 15 hs del 17 de agosto de 1850 en Boulogne Sur Mer, Francia. “Es algo muy penoso porque él había dicho en su testamento que su corazón descansara en Buenos Aires y lamentablemente esto no se cumple. Cuando él muere en el 50, estaba gobernando Rosas, hicieron los trámites para su repatriación pero son trámites muy lento. El cadáver se lo prepara, se lo embalsama, se lo prepara para un traslado trasatlántico pero cuando se produce la derrota de Caseros, en Buenos Aires, desisten de traerlo, no perdonándole su colaboración con los Federales, con López, con Artigas, con Ramírez, él decide no reprimir a los montoneros, como se decía entonces, y continuar la campaña en el Perú. Recién en el año 80, bajo la presidencia de Avellaneda, se repatrian los restos del Padre de la Patria, una vergüenza. Luego sus restos pudieron ser enterrados en la Catedral Metropolitana”.

 

 

 

 

 

 

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