Producir un kilo de fruta cuesta $130 y al productor le pagan $40

Producir un kilo de fruta cuesta 0 y al productor le pagan

Pablo Molo, presidente de la Fecier, describió el crítico panorama que atraviesa la actividad en la provincia. Alerta por la caída de la demanda, la distorsión de precios en góndola, la apertura de importaciones y la reducción de fondos en el INTA y el Senasa. Advierten que peligra la inversión para la cosecha 2027 y el sustento de 20.000 puestos de trabajo.

La citricultura de Entre Ríos atraviesa una severa encrucijada económica marcada por la distorsión de precios, el impacto del costo logístico y una fuerte contracción en los mercados. Así lo confirmó Pablo Molo, presidente de la Federación del Citrus de Entre Ríos (Fecier), en una entrevista periodística con Palabras Cruzadas por FM Litoral.

Según detalló el dirigente, el sector registra una marcada brecha entre lo que percibe el citricultor y el valor final que paga el consumidor. «Hoy tenemos un costo de producción de entre 120 y 130 pesos por kilo, mientras que al productor se le paga entre 40 y 50 pesos en planta.

Estamos recibiendo un 40% de lo que cuesta producir», señaló Molo. En contraposición, en las góndolas el valor del kilo llega a alcanzar entre 800 y 1.000 pesos, una brecha que atribuyó al encadenamiento de fletes, procesos de empaque, comisiones de mercado y a la remarcación en el último eslabón comercial.

A la rentabilidad en terreno negativo se le suma un freno en la demanda interna que alcanza el 40%, sumado a costos operativos elevados por la suba de los combustibles: «Un litro de gasoil está costando prácticamente 1,50 dólares, algo que resulta insostenible para el sector», remarcó.

El fantasma de la importación y la falta de inversión

Consultado sobre el impacto de las políticas nacionales y la apertura a la importación de cítricos desde países productores como España, Molo sostuvo que Argentina ha quedado resentida en términos de competitividad: «Hay países con costos de producción muy bajos. Nosotros nos hemos vuelto caros para producir».

El titular de la Fecier advirtió que los meses de agosto y septiembre resultan cruciales para el ciclo biológico de las plantas y determinarán el volumen de la cosecha del año 2027. De no revertirse la falta de liquidez actual para fertilizar y curar las quintas, la producción futura sufrirá consecuencias irreversibles.

La crisis no solo amenaza a las explotaciones agrícolas, sino al entramado social del noreste provincial —principalmente los departamentos Federación y Concordia—, donde la actividad genera más de 20.000 puestos de trabajo directos. «No es solo la citricultura: atrás de esto están el aserradero, la carnicería, la panadería y el comercio. Son pueblos enteros que viven de esto», enfatizó.

Sanidad vegetal y recortes en Senasa e INTA

A las dificultades financieras se añaden los desafíos fitosanitarios habituales, como la mosca de los frutos en temporada estival, las inclemencias climáticas (granizo y heladas) y el avance de la enfermedad del HLB (Huanglongbing), transmitida por la chicharrita. Molo precisó que la Fecier mantiene un programa de monitoreo en conjunto con el gobierno provincial para ralentizar su avance.

No obstante, el titular del gremio citrícola expresó su profunda preocupación por la reducción presupuestaria en organismos técnicos nacionales clave: «Nos preocupa la reducción en el Senasa y en el INTA. Son entidades que trabajan mano a mano con la citricultura. Lamentablemente, en la zona de Chajarí han dado de baja agencias con profesionales de muchísimos años; es una pérdida para el sector que no tiene precio», concluyó.

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