Los 3 experimentos psicológicos muy interesantes

El ser humano es capaz de reaccionar con maldad, pasividad o miedo si se le coloca en las condiciones adecuadas. Esto es lo que nos demuestran algunos de los experimentos psicológicos más interesantes. Te los mostramos.


El avance de la psicología como ciencia ha dependido en gran parte de diferentes estudios e investigaciones científicas. Estos procedimientos nos han permitido comprender mejor el funcionamiento de la psique humana y dar solución a diversos problemas y patologías. Sin embargo, la metodología no siempre ha entrado en los límites que consideramos aceptables. Precisamente sucedió esto en algunos de los experimentos psicológicos más interesantes realizados a lo largo de la historia.

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Algunos de los experimentos psicológicos más interesantes
Percepción e influencia social
¿Hasta qué punto crees que influyen los demás en tus opiniones, decisiones y creencias? Si te sientes relativamente libre de estos condicionamientos, el siguiente experimento puede hacerte cambiar de opinión.
Se llevó a cabo en 1951 por el psicólogo Solomon Asch. En él, varios participantes (todos ellos actores a excepción de uno) observaban pares de láminas que tenían que comparar. En la primera cartulina se mostraba una única línea, y en la siguiente aparecían tres; los participantes debían identificar cuál de estas tres líneas era idéntica en longitud a la primera.
A medida que avanzaba la prueba, los participantes actores ofrecían de forma unánime respuestas incorrectas; esto con el fin de comprobar cuál era la reacción del voluntario real. Lo sorprendente fue descubrir cómo, de manera progresiva, este comenzaba a responder en contra de su propia percepción para acomodarse a la opinión grupal.

Obediencia a la autoridad
Las personas hemos demostrado ser capaces de cometer verdaderas atrocidades cuando renunciamos a nuestro propio juicio a fin de obedecer a una autoridad superior. Esta es la justificación que ofrecieron varios implicados en los Juicios de Núremberg tras la Segunda Guerra Mundial y es la hipótesis que se pone a prueba en el estudio de Stanley Milgram, en 1961, uno de los experimentos psicológicos más interesantes.
La dinámica fue la siguiente: los participantes eran asignados al rol de “maestros” o “alumnos” y los primeros debían leerle una lista de 40 pares de palabras a memorizar a los segundos. Estos tendrían que ser capaces, después, de recordar la segunda palabra de cada par; y, si fallaban, el maestro habría de darles una descarga eléctrica cada vez de mayor potencia.
Los maestros no observaban a los alumnos mientras respondían, pero escuchaban sus gritos (en realidad, eran grabaciones, ya que los supuestos alumnos eran actores cómplices del estudio). De forma alarmante se comprobó que el 65 % de los maestros llegaron a aplicar la descarga máxima, pese a percibir el sufrimiento de la contraparte y sentirse visiblemente perturbados por ello.

Categorización social y discriminación
Para comprender las dinámicas entre grupos sociales y el origen de la discriminación, en 1968 se llevó a cabo el famoso estudio de Jane Elliott denominado “una clase dividida”.
A los niños del aula se les dividió en función del color de sus ojos. Quienes tenían ojos azules eran considerados superiores por la profesora, quien alababa abiertamente su mayor inteligencia y les permitía obtener recompensas que sus pares de ojos marrones no podían recibir.
Los conflictos entre ambos grupos no se hicieron esperar. Niños que siempre habían convivido en armonía e incluso compartían fuertes lazos de amistad se enfrentaban a quienes ahora percibían como diferentes.

El legado de los experimentos psicológicos más interesantes
Estos experimentos psicológicos y otros tantos realizados a lo largo de los años han pasado a la historia por lo sorprendente de sus hallazgos y sus implicaciones prácticas. Gracias a ellos, el pensamiento humano, nuestras reacciones emocionales y nuestro comportamiento social resultan menos misteriosos.
No obstante, si algo nos han enseñado todos estos estudios es la importancia de la ética y el pensamiento crítico, tanto en laboratorio como en la vida diaria. Ser conscientes de por qué actuamos de un modo determinado nos ayudará a tener mayor control y responsabilidad sobre nuestros actos y a dirigirnos día a día de un modo más apropiado.