Leo Messi llora como un chico en un rincón y todos van a abrazarlo, no solamente sus ad láteres Rodrigo de Paul y Leandro Paredes. La imagen es, además de conmovedora, emblemática:
Argentina ganó con angustia, otra vez. Desconozco si hay tipos de angustia, pero esta debe ser muy especial, debe provenir de alguna cepa que pertenece pura y exclusivamente a este mundo de camisetas celeste y blancas que están cómodos y fresquitos rodeados del aire acondicionado del Mercedes Benz Arena, de la bella ciudad de Atlanta.
Es una angustia que termina en placer, en un placer extremo, delicado, fascinante, que aquellos a los que no les interesa el fútbol o solo se sientan a ver un partido cada cuatro años, se pierden de manera increíble. Lo que pasó en esta victoria de la Selección Argentina hoy es épico, inolvidable, histórico. El rival fue Egipto, es cierto, y también es real que recién pasamos a Cuartos del Mundial 2026 y queda una vida por jugar. Pero en el fútbol, es maravilloso saber con qué contás. Ambito
