FM LITORAL
Entre Ríos

Últimas audiencias en el juicio contra la ex priora de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá

Declararon dos profesionales, una bioquímica y una escribana, vinculada con la imputada; pero no hubo mayores aportes.

 

 

El Tribunal de Juicio y Apelaciones de Gualeguay reanudó hoy, el debate oral y público de la causa en la que está imputada por privación ilegítima de la libertad la religiosa Luisa Esther Toledo, quien fue al momento de los hechos priora del Monasterio de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmen, de Nogoyá, conocido como el Convento de las Carmelitas Descalzas.

Esta causa se inició de oficio, luego de la publicación del informe periodístico publicado en agosto de 2016, por la Revista ANÁLISIS, donde se brindaron detalles sobre la situación que vivieron dos religiosas a las que la madre superiora no permitía dejar el claustro del Convento, además de una serie de tormentos y mortificaciones a manera de crueles castigos, violatorios de elementos conceptos de Derechos Humanos.

Tras la Investigación Penal Preparatoria (IPP), que terminó con la imputación contra la entonces titular del convento, Luisa Esther Toledo, por la comisión del delito de privación ilegítima de la libertad, en dos hechos, este juicio está llegando a su finalización. Se espera para el jueves una inspección ocular en el Convento de Nogoyá y en sede tribunalicia de esa localidad, se tomará declaración a varias religiosas. Finalmente, el viernes declararán los dos últimos testigos, entre ellos, monseñor Mauricio Landra, doctor en Derecho Canónigo, y decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Católica Argentina; y finalmente tanto el Ministerio Público Fiscal como la defensa particular de la imputada, ofrecerán sus alegatos de clausura.

El Tribunal de Gualeguay está integrado por los magistrados Darío Crespo (quien lleva adelante la dirección del debate), y los vocales Javier Cadenas (segundo voto) y Alejandra Gómez (tercer voto).

El Ministerio Público Fiscal está integrado por el fiscal Rodrigo Molinas y el fiscal general coordinador de esa jurisdicción Jorge Gamal Taleb; mientras que la defensa particular de la imputada es ejercida por los abogados Miguel Ángel Cullen y Guillermo Vartorelli.

Este juicio se inició el martes 11 de junio y desde entonces tuvo audiencias los días 12 y 14, 18, 19 y ayer; para continuar el jueves y viernes próximos como ya se indicó.

 

La audiencia

Hasta el momento han declarado las dos víctimas, quienes ofrecieron un desgarrador testimonio sobre el infierno que vivieron bajo la tutela de la madre superiora Luisa Esther Toledo; además de dar elementos de convicción de los reiterados pedidos por escritos y orales que hicieron en su momento para abandonar el convento, pero que nunca fueron escuchadas.

También declararon familiares de las víctimas, quienes coincidieron en remarcar el deterioro que percibieron mientras vivían en el convento; las diversas crisis que atravesaron como consecuencia de los tormentos que se le aplicaban e incluso los riesgos de vida que muchas veces soportaron.

Ayer, declararon tres testigos a pedido de la defensa. Una religiosa que fue trasladada especialmente desde Neuquén; una bioquímica y una escribana radicadas en Nogoyá.

La bioquímica reconoció que fue madrina de una de las víctimas, aunque no se aclaró cómo se generó ese vínculo si por elección de la religiosa o por imposición de las autoridades del monasterio; dado que no había relaciones previas.

En ese marco, la doctora reconoció que solía tomarles muestras para diversos análisis y sostuvo que no había nada en particular en ello. Salvo, que, ante una pregunta de la Fiscalía, admitió que muchas veces extraía muestras para análisis por indicación de la madre superiora y no por una orden médica específica; lo que llamó la atención a los que siguieron el debate en la sala de audiencia de los tribunales gualeyos.

Por su parte, la escribana destacó su relación con la madre superiora, aclaró que su familia es benefactora del Convento y que las asiste profesionalmente en todo lo que ellas requieren.

Destacó que la sociedad ignora lo que se hace en el Convento y referenció que allí se vivió un milagro a través de la intersección de la Madre Maravilla, hoy declarada Santa por la Iglesia Católica. Mucho no se entendió este aporte, porque, por ejemplo, así como muchos le reconocían al cura Juan de Dios Escobar Gaviria la aptitud de “sanar” y congregaba misas multitudinarias, terminó condenado a 25 años de cárcel por abusos contra menores y ahora enfrenta un segundo juicio por el mismo delito, pero con otras víctimas.

La audiencia de ayer no aportó demasiados elementos que permitan inferir alguna exculpación de la imputada. En todo caso, se corroboró lo que viene sosteniendo la Fiscalía: en el Convento de la Carmelitas Descalzas de Nogoyá, muchas religiosas vivían un verdadero infierno.

 

Contundente testimonio

La hermana Laura Lestrade, quien llegó especialmente desde Neuquén para declarar ante el Tribunal de Gualeguay, realizó un aporte sustantivo para comprender cómo la madre superiora atormentaba y perseguía a las dos víctimas que la denunciaron por privación ilegítima de la libertad.

Sostuvo ante el Tribunal que varios años antes del allanamiento de 2016, había visto cómo una de las víctimas, la que logró fugarse del Convento y llegar hasta Concordia con ayuda de un sacerdote, le presentaba por escrito el disenso y le rogaba cambiar de convento. Incluso recordó que al principio lo solicitaba de manera verbal, pero luego lo hizo de manera escrita –y de manera reiterada- tal como lo establece la Constitución de la Orden.

Y contó que la Luisa Toledo rompía esas notas por escrito, delante de las demás religiosas.

Reconoció –en un momento muy emotivo de su declaración- que solo escapándose como lo hizo esa víctima, se podía alejar del infierno vivido.

Con respecto a la otra víctima, confirmó que Toledo la perseguía constantemente y le imponía diversos tormentos disimulados como penitencias. En ese marco, recordó que la atormentaba obligándola a quedarse en la celda-habitación por varios días, tan sólo a pan y agua a manera de un martirio.

 

 

 

 

 

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