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Maduro, jaqueado, por ahora resiste

Para marcar que ya no reconoce al chavista, el gobierno argentino no irá este jueves al encuentro en Montevideo motorizado por Uruguay y México.

 

Hoy, en Venezuela hay dos gobiernos: el del opositor Guaidó, declarado “presidente encargado” por la Asamblea con mayoría anti Maduro, y el del mismo Maduro, ganador en elecciones descaradamente amañadas. Y hay dos crisis: la humanitaria, de escasez de comida y remedios, derivada de la económica, y la política, tan íntimamente relacionada con aquélla, que en realidad se trata de una sola. Pero la política estira la primera y buena parte del mundo reacciona con una presión internacional contra la intransigencia de Maduro como muy pocas veces se ha visto.

A Maduro lo considera presidente su Corte Suprema. Y “su” quiere decir exactamente eso: es de él y está con él. El llamado Grupo de Lima, integrado por una mayoría de países de la región, desconoce la legitimidad de Maduro. Fue una acción sonora en sintonía con la decisiva decisión de Trump de pisar el petróleo venezolano que va a Estados Unidos, una acción que los analistas dicen tendrá un efecto devastador para Maduro.

Excepto Italia, en la que el gobierno de derecha que corporiza Matteo Salvini como su vocero más empinado, una gruesa porción de la Unión Europea avanzó en su presión sobre Maduro.

Son milagros del populismo siglo XXI y una muestra de la confusión política mundial: derechas asociándose con el socialismo siglo XXI del chavismo. Contrapartida: el socialista español Sánchez, apercibido de que para las izquierdas lo mejor es despegarse lo más rápido y concretamente posible de la experiencia chavista que es un descrédito, estuvo entre los primeros en movilizar la presión europea contra el gobierno de Maduro.

Si el gesto del Papa de dejar la posibilidad de su mediación supeditada al obvio pedido de ambas partes había creado alguna expectativa en Maduro, pronto la realidad volvió. El clero venezolano está enfrentado con Maduro y no parece posible que el Papa se embarque en alguna acción mediadora sabiendo que el propio Episcopado está resistiendo al autoritarismo bolivariano.

El Papa no quiere quedar atrapado en este brete y esa cautela frente al reclamo generalizado contra Maduro es leída como una concesión al régimen. Sus exégetas aquí, como Juan Grabois, se manifiestan abiertamente en defensa del gobierno bolivariano.

Para este jueves está programada una especie de cumbre internacional en Montevideo, motorizada por el gobierno uruguayo del izquierdista Frente Amplio con México para explorar un camino para la crisis venezolana. Argentina ya avisó que no participará. El argumento es que desconoce a Maduro y reconoce al presidente proclamado por la Asamblea, Juan Guaidó. Para mostrarlo, además de la retórica internacional, el presidente Macri recibió a la embajadora designada por Guaidó en Buenos Aires. La validez de estas designaciones ha sido cuestionada jurídicamente por el abogado Baltasar Garzón, que cumplió (¿o cumple?) funciones de asesor en las sombras de Cristina Kirchner, con vinculación presupuestaria.

​El reclamo de la oposición es que Maduro llame a elecciones libres y le ofrece al presidente venezolano una salida, junto con la jerarquía militar que lo respalda y que está, en gran medida, involucrada en la corrupción rampante de la cúpula gobernante. Maduro llama al diálogo pero no lo llama. La primera condición será que él y la cúpula militar se aparten. La dinámica de la crisis dirá cuánto se mantendrá esta estabilidad inestable.

Fuente clarin

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